Deuteronomio
✦ Capítulo 12
Centralización del culto
1 Estos son los mandamientos y preceptos que habéis de guardar y practicar en el país que Yahvé, el Dios de vuestros padres, os ha dado para que la poseáis todos los días que viviereis sobre la tierra:
2 Destruid por completo los lugares en que los pueblos que habéis de desposeer han servido a sus dioses, sobre los altos montes, sobre los collados y bajo todo árbol frondoso
3 Derrumbad sus altares, quebrad sus piedras de culto, quemad sus ascheras, haced pedazos las estatuas de sus dioses y borrad de aquellos lugares hasta los nombres
4 No haréis así con Yahvé, vuestro Dios,
5 sino que frecuentaréis el lugar que Yahvé, vuestro Dios, escogiere de entre todas vuestras tribus para poner allí su nombre y su morada. Allí irás;
6 y allí presentaréis vuestros holocaustos y vuestros sacrificios, vuestros diezmos y las ofrendas alzadas de vuestras manos, vuestros votos y vuestras ofrendas voluntarias, y los primerizos de vuestro ganado mayor y menor
7 Allí comeréis ante Yahvé vuestro Dios, y os regocijaréis, vosotros y vuestras familias, por todas las obras de vuestra mano, en que Yahvé, vuestro Dios, os bendiga
8 No haréis cada cual lo que bien le parezca, como aquí hacemos ahora;
9 pues hasta ahora no habéis llegado al descanso y a la heredad que Yahvé, tu Dios, te da
10 Mas pasaréis el Jordán y habitaréis en el país que Yahvé, vuestro Dios, os dará en suerte; y cuando Él os dé descanso de todos vuestros enemigos que os rodean y habitéis en seguridad,
11 entonces en el lugar que Yahvé, vuestro Dios, elija para morada de su Nombre, allí presentaréis todo lo que yo os mando, vuestros holocaustos y vuestros sacrificios, vuestros diezmos y las ofrendas alzadas de vuestras manos y todo lo más selecto que con voto hubiereis prometido a Yahvé
12 Y os regocijaréis ante Yahvé, vuestro Dios, vosotros, vuestros hijos y vuestras hijas, y vuestros siervos y vuestras siervas, y el levita que mora dentro de vuestras puertas, puesto que no tiene parte ni posesión entre vosotros
13 Guárdate de ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar se te antoje,
14 sino que ofrecerás tus holocaustos en el lugar que eligiere Yahvé en una de tus tribus, y allí harás todo lo que yo te ordeno
15 Sin embargo, cuando quieras, podrás matar y comer carne en todas tus ciudades, según la bendición que Yahvé, tu Dios, te haya concedido. El impuro y el puro podrá comerla, del mismo modo que se come de la gacela y del ciervo
16 Pero no comáis sangre, la cual derramarás como agua sobre la tierra
17 No podrás comer dentro de tus puertas el diezmo de tu trigo, de tu vino y de tu aceite, ni los primerizos de tu ganado mayor y menor, ni ninguna, de las ofrendas que hayas prometido con voto, ni tus oblaciones voluntarias, ni las ofrendas alzadas por tu mano;
18 sino que ante Yahvé, tu Dios, en el lugar escogido por Yahvé, tu Dios, los comerás, tú, tu hijo y tu hija, tu siervo y tu sierva, y el levita que mora dentro de tus puertas; y te regocijarás ante Yahvé, tu Dios, por todas las obras de tu mano
19 Guárdate de desamparar al levita en todo el tiempo que vivas sobre tu tierra
20 Cuando Yahvé, tu Dios, haya ensanchado tu territorio, según te tiene prometido, y tú digas: Quiero comer carne, porque tu alma tiene gana de comer carne, podrás comer carne según los deseos de tu alma
21 Si el lugar que escogiere Yahvé, tu Dios, para poner allí su nombre, está lejos de ti, podrás matar reses de tu ganado mayor y menor que te dé Yahvé, tu Dios, según lo que te tengo mandado, y podrás comerlas dentro de tus puertas siempre que lo desee tu alma
22 Comerás de ellas del mismo modo que se come la gacela y el ciervo. El impuro y el puro igualmente podrán comerlas
23 Pero guárdate de comer la sangre, porque la sangre es la vida; no comerás la vida con la carne
24 No la comerás, sino que la verterás como agua sobre la tierra
25 No la comerás, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, haciendo lo que es recto a los ojos de Yahvé
26 Pero las ofrendas sagradas que tienes que ofrecer, y las que hayas prometido con voto, las tomarás e irás al lugar escogido por Yahvé,
27 y ofrecerás tus holocaustos, la sangre y la carne, sobre el altar de Yahvé, tu Dios. La sangre de tus sacrificios será derramada sobre el altar de Yahvé, tu Dios; pero la carne es para tu comida
28 Guarda y obedece todo esto que te ordeno, a fin de que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre, haciendo lo que es bueno y recto a los ojos de Yahvé, tu Dios
Pre excelencia del culto de Dios
29 Cuando Yahvé, tu Dios, haya exterminado a los pueblos contra los cuales marchas para arrojarlos de delante de ti, y cuando los hayas arrojado y habites en su tierra,
30 guárdate de sus seducciones; no los imites después de haberlos destruido delante de ti. Ni hagas indagaciones respecto de sus dioses, diciendo: ‘¿Cómo servían estos pueblos a sus dioses? Así lo haré también yo.’
31 No hagas tal con Yahvé, tu Dios; porque ellos hacen en honor de sus dioses toda suerte de abominaciones que Yahvé aborrece, pues hasta queman en el fuego a sus hijos y sus hijas para honrar a sus dioses
32 Cuida de practicar cuanto te mando, sin añadir ni quitar nada. if !supportFootnotes endif
✦ Notas de Monseñor Straubinger
2 s. Los pueblos cananeos no tenían templos, sino solamente lugares de culto, los llamados “lugares altos”. Sus dioses principales eran Baal, en cuyo honor se erigían pequeñas columnas de piedra, llamadas “massebas” y Astarté (Venus), a la cual los cananeos dedicaban “ascheras”, es decir, árboles frondosos cortados y fijados en la tierra. La Vulgata traduce ascheras por bosques (versículo 3). Cf. 7, 5; Éxodo 23, 24 ↑
6 En oposición a los cananeos que ofrecían los sacrificios en los montes y collados, los israelitas tendrán un solo centro de culto, el lugar que Dios escogiere para el Tabernáculo. Cf. 14, 23-25; 15, 20; Éxodo 20, 24-26; Levítico 14, 11 ss ↑
7 Bien vemos en todo este capítulo cómo Dios quiere la felicidad del hombre, y se la da a los que le aman y confían en Él como verdaderos hijos. Véase 10, 12 y 14, 1. Cf. Levítico 3, 1 y nota ↑
12 Los Levitas no poseían territorio como las otras tribus; por consiguiente llevaban una vida muy pobre, particularmente en tiempos de relajamiento religioso, cuando la gente no pagaba los diezmos, y en los días de grandes calamidades cuando el suelo no daba sus frutos. De ahí la insinuación de invitarlos a los banquetes sacrificiales. Cf. versículo 19; 14, 27 y 29; 16, 11; Números 18, 21; 35, 2 s ↑
15 Véase Levítico 17, 1-7. No obstante la centralización del culto se toleraban excepciones. La ley del Levítico 17 podía ser fácilmente observada cuando vivían en el desierto y tenían sus tiendas alrededor del Tabernáculo, pero sería poco práctica para la gente esparcida por toda la tierra prometida. De ahí que Moisés mitigara la exigencia de llevar todos los animales ante el Tabernáculo para sacrificarlos, pero aun esto se practicaba más tarde como costumbre piadosa ↑
23 Cf. versículo 16; Levítico 17, 11 y notas. La sangre no se comía, porque se la consideraba como el asiento de la vida, la cual pertenece a Dios. Bellísimo precepto, ciertamente dentro del orden natural. La Ley de Cristo, enteramente espiritual (Juan 4, 23 ss.; 6, 63 y notas) ya no se preocupa, o sólo transitoriamente, de estas cosas materiales. Cf. Hechos de los Apóstoles 15, 29; Colosenses 2, 16 ss. y notas ↑
30 Moisés se refiere aquí a la opinión antigua de que cada país tenía sus propios dioses, que reclamaban cierto culto aun de parte de los conquistadores (cf. IV Reyes 17, 25-28). Fue esta falsa creencia la que pobló enormemente el Olimpo de los pueblos paganos ↑
32 Sin añadir ni quitar nada: Si Cristo cambió la Ley, lo hizo porque ya antes la había cumplido por la caridad, la cual es la plenitud de la Ley (San Agustín). Cf. 4, 2; 18, 20; Josué 1, 7; Proverbios 30, 6; Apocalipsis 22, 18 ↑