El Vía Crucis se reza especialmente en Cuaresma, sobre todo los viernes y de modo solemne el Viernes Santo. Pero puede rezarse cualquier día del año, en silencio o en familia, en una iglesia (recorriendo las estaciones físicas) o en casa.
No hay una sola forma "correcta". La Iglesia ha aprobado distintos esquemas a lo largo de los siglos. El que encontrás acá sigue la estructura clásica con versículo, lectura bíblica, meditación y oración en cada estación.
En cada estación se repite el versículo tradicional, que el alma dice con humildad apenas detenerse:
El Vía Crucis no es revivir un dolor lejano. Es poner nuestras heridas dentro de las suyas. Quien sufre, encuentra al que más sufrió. Quien ha caído, ve al que cayó tres veces. Quien ha sido abandonado, mira al que vio huir a sus discípulos.
Y al final, después de las catorce estaciones, queda la certeza: el sepulcro no fue la última palabra. Pero esa palabra final pertenece a la Pascua. Acá, en estas catorce paradas, aprendemos primero a estar con Él en el camino.
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