San José es una de las figuras más silenciosas y, al mismo tiempo, más grandes de toda la historia de la salvación. Elegido por Dios desde toda la eternidad para ser el esposo de la Santísima Virgen María y el custodio del Hijo de Dios hecho hombre, San José recibió una misión única: proteger, guiar y sostener en la tierra el misterio más grande jamás revelado.
No fue profeta, no fue apóstol, no dejó palabras escritas... pero su vida entera fue obediencia, fidelidad y justicia perfecta.
El Evangelio lo llama simplemente: "justo". Y en esa palabra se encierra toda su grandeza. San José fue justo porque:
Dios confió en San José lo que más amaba: a su Hijo y a su Madre. En sus manos puso la Sagrada Familia. José fue:
San José es modelo para los padres, los trabajadores, los hombres de fe y las familias. En un mundo que busca el ruido, San José enseña el silencio. En un mundo que busca poder, San José enseña servicio. En un mundo que duda, San José enseña confianza en Dios.
La Iglesia reconoce en San José a su protector especial. Así como cuidó a la Sagrada Familia, cuida hoy a la Iglesia y a cada uno de los fieles. A él se acude en momentos de necesidad, en dificultades familiares, en el trabajo y en la vida espiritual. Su intercesión es poderosa, silenciosa y eficaz.
Oh glorioso San José, padre adoptivo de Nuestro Señor Jesucristo y esposo castísimo de la Virgen María, a ti acudo con confianza de hijo, sabiendo que nunca desamparas a quien te invoca con fe. Tú, que cuidaste con amor al Hijo de Dios en la tierra, cuida también mi alma y la de los míos. Defiéndeme en las tentaciones, fortaléceme en las pruebas, y condúceme por el camino de la salvación. Amén.
Oh San José, poderoso intercesor, refugio de los afligidos y esperanza de los desesperados, mira mi necesidad con ojos de padre y socórreme en esta dificultad. Tú conoces el dolor, la incertidumbre y el trabajo silencioso; por eso confío en tu bondad y en tu poder ante Dios. Alcanza para mí la gracia que te pido (si es para mi bien y salvación), y dame la paz de aceptar la voluntad divina. Amén.
Oh San José, guardián de la Sagrada Familia, modelo de amor, trabajo y fidelidad, protege mi hogar y bendice a cada uno de sus miembros. Enséñanos a vivir en paz, a perdonarnos, y a poner a Dios en el centro de nuestra vida. Que nunca falte el pan, ni la fe, ni la caridad entre nosotros. Amén.
Oh dulcísimo San José, en tus manos pongo mi vida, mis preocupaciones y mis esperanzas. Tú, que nunca dudaste del plan de Dios, enséñame a confiar aun en medio de la oscuridad. Guíame con tu silencio humilde, protégeme con tu poder oculto, y llévame siempre hacia Jesús y María. Amén.
Oh San José obrero, ejemplo de esfuerzo y fidelidad, bendice mi trabajo y ayúdame a realizarlo con honestidad y entrega. Concédeme lo necesario para vivir dignamente, y haz que todo lo que haga sea para la gloria de Dios. Aleja de mí la desesperación y enséñame a confiar en la Providencia. Amén.
Oh glorioso San José, terror de los demonios y protector de la Iglesia, sé mi guía en la vida y mi amparo en la muerte. No permitas que me aparte de Dios, y alcánzame la gracia de una buena muerte, en los brazos de Jesús y María, como tú. Amén.
Se realiza por 30 días consecutivos.
¡Oh amabilísimo Patriarca, Señor San José! Desde el abismo de mi pequeñez, dolor y ansiedad, os contemplo con emoción y alegría de mi alma en vuestro solio del cielo, como gloria y gozo de los Bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, consolador de los tristes, amparador de los desvalidos, gozo y amor de tus devotos ante el trono de Dios, de tu Jesús y de tu santa Esposa.
Por eso yo, pobre, desvalido, triste y necesitado, a Vos dirijo hoy y siempre mis lágrimas y penas, mis ruegos y clamores del alma, mis arrepentimientos y mis esperanzas; y hoy especialmente os traigo ante vuestro altar e imagen una pena que consoléis, un mal que remediéis, una desgracia que impidáis, una necesidad que socorráis, una gracia que obtengáis para mí y para mis seres queridos.
Y para conmoveros y obligaros a oírme, os lo pediré durante treinta días continuos en reverencia a los treinta años que vivisteis en la tierra con Jesús y María.
(Aquí, levantado el corazón a lo alto, se le pedirá al Santo con amorosa instancia la gracia que se desea.)
¡Oh mi buen San José! Yo, inspirado en las enseñanzas de la Iglesia Santa, siento en mí una fuerza misteriosa que me alienta a pediros y suplicaros la gracia que voy a poner ante tu altar e imagen: la espero, Santo Patriarca.
Rezar un Paternoster, tres Avemarías y un Gloriapatri.