La Biblia no es un libro cualquiera. Es la Palabra de Dios, viva y eficaz, que habla al corazón de cada persona. Leerla no es solo comprender palabras... es encontrarse con Dios.
Antes de abrir la Biblia, hacé un momento de silencio. No leas apurado. No leas como una novela. Pedile a Dios que te hable.
La Biblia tiene muchos libros y estilos. Para empezar, se recomienda:
Esto te permite conocer a Jesús directamente.
No importa cuánto leas... importa que entiendas. Mejor un párrafo bien leído que diez páginas sin comprender. Si algo no se entiende, no te preocupes. Seguí adelante con humildad.
Después de leer, hacete esta pregunta: "¿Qué me quiere decir Dios hoy?" Puede ser una corrección, una enseñanza o un consuelo. La Biblia es personal.
La Palabra de Dios no es teoría. Tiene que cambiar algo en vos: una actitud, una decisión, una forma de pensar.
Aunque sea poco. La constancia transforma el alma. 5 minutos diarios pueden cambiar una vida. La Biblia se revela con el tiempo.
Podés seguir este orden para entender mejor la historia de la salvación:
La Biblia no se lee solo con los ojos... se lee con el corazón. Y cuando el corazón está abierto, Dios habla.
«El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.» (Mateo 24,35)