En el corazón de la fe cristiana, junto a Jesús, está María. No como un adorno, no como una figura lejana, sino como Madre viva, cercana, que intercede por cada uno de nosotros.
Elegida por Dios desde toda la eternidad, llena de gracia, pura, humilde y fiel, María dijo "sí" donde muchos hubieran dudado… y por ese "sí", el Salvador entró en el mundo.
Quien se acerca a María con confianza, encuentra en Ella una guía segura, una madre que no abandona y un refugio en medio de las tormentas. En los momentos difíciles, cuando todo parece oscuro, cuando la fe se debilita… María está. Intercede. Acompaña. Protege. Y, en silencio, lleva el alma nuevamente a Dios.
A lo largo de los siglos, los santos han encontrado en María consuelo en el sufrimiento, fuerza en la tentación, claridad en la confusión y camino seguro hacia la santidad. Porque donde está María… siempre está Jesús.