Deuteronomio
✦ Capítulo 4
Exhortaciones paternales de Moisés
1 Ahora, oh Israel, escucha las leyes y los decretos que os enseño a practicar para que viváis y entréis a poseer la tierra que Yahvé vuestro Dios os ha de dar
2 No añadáis nada a lo que os prescribo, ni quitéis nada de ello; antes guardad los mandamientos de Yahvé, vuestro Dios, que os ordeno
3 Vuestros ojos han visto lo que hizo Yahvé contra Baalfegor; pues Yahvé, vuestro Dios, ha extirpado de en medio de vosotros todos los que siguieron a Baalfegor
4 Vosotros, empero, los que permanecisteis fieles a Yahvé, vuestro Dios, estáis al presente todos con vida
5 Mirad: os enseño leyes y decretos, como Yahvé, mi Dios, me ha mandado, para que los practiquéis en el país que vais a poseer
6 Observadlos y ponedlos en práctica; porque en esto consistirá vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de las naciones, que al conocer todas estas leyes dirán: En verdad, un pueblo sabio y entendido es esta gran nación
7 Porque ¿qué nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos a sí como Yahvé, Dios nuestro, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos?
8 ¿Y qué nación hay tan grande que tenga leyes y preceptos tan justos como toda esta Ley que yo hoy os pongo delante?
9 Pero ten cuidado y guarda bien tu alma, para que no olvides las cosas que han visto tus ojos, ni se aparten de tu corazón en ningún momento de tu vida; antes bien, enséñalas a tus hijos y a los hijos de tus hijos
10 Ten presente el día que estuviste delante de Yahvé, Dios tuyo, en el Horeb, cuando Yahvé me dijo: Junta al pueblo para que oigan mis palabras y aprendan a temerme todo el tiempo que vivan sobre la tierra y las enseñen a sus hijos
11 Entonces os acercasteis, y estuvisteis al pie del monte, mientras el monte ardía en fuego que se elevaba hasta lo más alto del cielo, entre oscuridad y nube y densas tinieblas
12 Y Yahvé os habló de en medio del fuego; oísteis el sonido de las palabras, pero no visteis figura alguna; era sólo una voz
13 El os promulgó su pacto y os mandó observarlo: los diez Mandamientos, que escribió en dos tablas de piedra
14 En aquel tiempo me mandó que os enseñase leyes y preceptos que debíais practicar en el país adonde vais a pasar para tomarlo en posesión
15 Guardad bien vuestras almas —pues no visteis figura alguna el día que Yahvé habló con vosotros en el Horeb, de en medio del fuego—
16 no sea que corrompiéndoos os hagáis estatuas, figuras de ídolos, imágenes de hombre o de mujer,
17 representación de alguna de las bestias que viven sobre la tierra, imagen de cualquier ave que vuela debajo del cielo,
18 figura de algún animal que se arrastra sobre el suelo, o imagen de peces que viven en las aguas debajo de la tierra;
19 y no sea que alzando los ojos a los cielos, y viendo el sol, la luna y las estrellas con todo el ejército del cielo, te dejes seducir postrándote ante ellos y dando culto a esas creaturas que Yahvé, tu Dios, ha dado en suerte a todas las naciones debajo de todo el cielo
20 A vosotros, en cambio, os ha tomado Yahvé, y os ha sacado de aquel horno de hierro, Egipto, para que seáis el pueblo de su herencia, como al presente lo sois
21 Contra mí, empero, se irritó Yahvé por culpa vuestra, y juró que no pasaría yo el Jordán, ni entraría en aquella excelente tierra que Yahvé, Dios tuyo, te va a dar en posesión
22 Pues voy a morir en esta tierra, y no voy a pasar el Jordán. Vosotros sí lo pasaréis y heredaréis esa excelente tierra
23 Guardaos de olvidaros del pacto que Yahvé, vuestro Dios, ha hecho con vosotros, ni os hagáis estatuas o figuras de cuanto Yahvé, tu Dios, te ha prohibido
24 Porque Yahvé, tu Dios, es un fuego devorador, un Dios celoso
Premio y castigo
25 Si después de haber engendrado hijos e hijos de hijos y morado largo tiempo en la tierra, os corrompiereis, fabricando estatuas o imágenes de cualquier cosa, haciendo lo que es malo a los ojos de Yahvé, vuestro Dios y provocando su ira,
26 invoco hoy por testigo contra vosotros el cielo y la tierra, de que pronto seréis exterminados de la tierra adonde vais, pasando el Jordán para tomarla en posesión. No viviréis mucho tiempo en ella, sino que seréis del todo extirpados
27 Yahvé os dispersará entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las naciones adonde Yahvé os ha de llevar
28 Y allí serviréis a dioses, obra de manos de hombres, de leño y de piedra, que no ven ni oyen ni comen ni huelen
29 Desde allí buscarás a Yahvé, Dios tuyo, y le hallarás, si le buscas con todo tu corazón y con toda tu alma
30 En tu angustia, cuando vinieren sobre ti todas estas cosas, en los últimos tiempos, te convertirás a Yahvé, tu Dios, y escucharás su voz;
31 porque Yahvé, tu Dios, es un Dios misericordioso; no te abandonará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que juró a tus padres
32 Pregunta, te ruego, a los tiempos antiguos que te han precedido, desde el día en que creó Dios al hombre sobre la tierra, y de un cabo del cielo al otro, si jamás se ha visto cosa tan grande como ésta o si se ha oído cosa semejante
33 ¿Hay por ventura pueblo alguno que oyese la voz de Dios que le hablaba de en medio del fuego, como tú lo oíste, sin perder la vida?
34 ¿O hay dios alguno que viniese a escoger para sí un pueblo de entre los otros, con pruebas, señales y maravillas, y con guerra, mano fuerte, brazo extendido y proezas estupendas, como todo lo que Yahvé, vuestro Dios, hizo por vosotros en Egipto ante tus mismos ojos?
35 A ti se te ha mostrado esto, para que sepas que Yahvé es Dios y no hay otro fuera de Él
36 Desde el cielo te hizo oír su voz para enseñarte; y sobre la tierra te ha mostrado su gran fuego, y de en medio del fuego has oído sus palabras
37 Por cuanto amó a tus padres, eligió a sus descendientes después de ellos y te sacó de Egipto yendo delante de ti con su gran poder,
38 para expulsar a tu paso naciones más grandes y más fuertes que tú, para introducirte y darte en herencia su tierra como se ve al presente
39 Reconócelo en este día y revuélvelo en tu corazón: Yahvé es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra y no hay otro
40 Guarda sus leyes y sus mandamientos, que hoy te ordeno, para que te vaya bien, a ti y a tus hijos después de ti, y para que sean muchos tus días sobre la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará para siempre”
Ciudades de refugio
41 Entonces Moisés destinó tres ciudades del otro lado del Jordán, al oriente,
42 para que allí se refugiara el homicida que sin querer y sin previa enemistad hubiese matado a su prójimo, y para que huyendo a una de dichas ciudades, salve su vida:
43 Béser en el desierto, en la llanura, para los rubenitas; Ramot en Galaad para los gaditas; y Golán, en Basan, para los de Manasés
II. Segundo discurso de Moisés
44 Ésta es la ley que Moisés puso ante los ojos de los hijos de Israel
45 Éstos son los testimonios, las leyes y los preceptos que Moisés dio a los hijos de Israel cuando salieron de Egipto,
46 al otro lado del Jordán, en el valle frente a Betfegor, en el país de Sehón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón y a quien derrotaron Moisés y los hijos de Israel al salir éstos de Egipto
47 Pues se posesionaron de su tierra y de la tierra de Og, rey de Basan, dos reyes de los amorreos, que habitaban al otro lado del Jordán, al oriente,
48 desde Aroer, situada en la orilla del río Arnón, hasta el monte Sión, que es el Hermón,
49 con todo el Arabá, de la otra parte del Jordán, al oriente, hasta el Mar del Arabá, al pie de las faldas del Fasga. if !supportFootnotes endif
✦ Notas de Monseñor Straubinger
1 Para que viváis: Véase la queja de Jesús: “Vosotros no queréis venir a Mí para tener vida” (Juan 5, 40). Dios no necesita de nosotros, ni de nuestros obsequios (Salmo 15, 2). Si nos da una ley, es porque la necesitamos (a causa de nuestra ignorancia y maldad), para ser felices como Él quiere que seamos ↑
2 No añadáis... ni quitéis; pues es palabra de Dios, y no de hombres. Cf. las tremendas maldiciones que San Juan fulmina contra los que se atrevan a adulterar el texto del Apocalipsis, añadiéndole o quitándole palabras (Apocalipsis 22, 18 s.) ↑
6 En esto consistirá vuestra sabiduría: Es ésta una franca condenación, no de la inteligencia, pero si del intelectualismo que no se encauza en la Ley del Señor. La verdadera sabiduría consiste en cumplir los eternos mandamientos de Dios. Es lo que en otros pasajes se llama el “temor del Señor” (Job 28, 28; Salmo 110, 10; Proverbios 1, 7; 9, 10; 15, 33; Eclesiástico 1, 16; 1, 34; 19, 18). Esta sabiduría practica constituye la base y el punto de arranque de toda espiritualidad, con tal que se funde en el conocimiento de Dios (Juan 17, 3), porque sin el recto conocimiento del Dios Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, el hombre se desvía y cae en esas exterioridades y formulismos que son todo lo contrario de la sabiduría. Es lo que Jesús censura tantas veces en los fariseos ↑
8 ¿Qué nación hay tan grande? La grandeza de Israel no consistió en sus armas, ni en su poder político o económico, sino exclusivamente en su carácter de pueblo elegido, que gozaba de una legislación divina, aunque por regla general la descuidaba y despreciaba. “Cierto que esta Ley era un preceptor severo (Gálatas 3, 24), pero conducía al pueblo a Cristo, no con castigos solamente, sino también con alegría” (Mons. Keppler). Como los israelitas, estamos también nosotros ciegos frente a los favores del Señor, pues son demasiado numerosos, y la ingratitud es el vicio humano por excelencia. Leyes y preceptos tan justos: ¿No es también ingratitud el que hayamos olvidado los valores jurídicos de la legislación israelita que sin duda era la mejor del mundo antiguo? Dice al respecto un jurista: “El valor jurídico de la Biblia en cuanto a la legislación de Israel se refiere, daría lugar a un libro envidiable de extraordinario interés, cuya lectura no nos cansaríamos de sugerir a los juristas estudiosos y a las Universidades y centros de cultura como tema de tesis o de premio. La triste caída de Israel fue causa de que se menospreciara sus tesoros al extremo de que el derecho romano, base del actual, apenas tenga dos o tres puntos en materia penal, que denuncien un rastro de la legislación mosaica”. Cf. por ejemplo la ley de la restitución de las posesiones (Levítico 25, 13 ss.) ↑
19 Dios abandonó a los gentiles a la idolatría más ignominiosa (Romanos 1, 24 ss.; Gálatas 5, 19; Efesios 4, 19), la que se propagaba cada vez más por el mundo. Solamente los israelitas conservaban, por especial favor de Dios, el monoteísmo. Pueblo de su herencia: cf. Éxodo 4, 22; 19, 5 y notas ↑
24 Véase 5, 9. Es ésta una verdadera definición de Dios, que anticipa lo que nos dice San Juan: Dios es amor (I Juan 4, 8). Todo amor es celoso: lo da todo, pero no puede soportar el desvío. Por eso dice el Cantar de los Cantares (8, 6) que el amor es fuerte como la muerte y los celos son duros como el infierno. Véase Hebreos 12, 29: Santiago 4, 5; Éxodo 19, 5 s.; 20, S; 34, 14 ↑
30 Se refiere a la conversión de los judíos, anunciada por San Pablo para los últimos tiempos (Romanos 11, 25). Véase Baruc 4, 28 s ↑
40 Para siempre: Éste es uno de los pasajes en que los judíos fundan sus derechos a la posesión de Palestina ↑