✝ JESÚS POR MARÍA · PARA LA GLORIA DE DIOS
Salmos
Antiguo Testamento
✦ Capítulo 42
Continuación del anterior
1 Hazme justicia, oh Dios, y aboga en mi causa contra un pueblo impío; líbrame del hombre inicuo y doble. 2Pues Tú, oh Dios, eres mi fortaleza; ¿por qué me desechaste? ¿por qué he de andar afligido, bajo la opresión del adversario?
3 Envíame tu luz y tu verdad; que ellas me guíen y me conduzcan a tu santo monte, a tus tabernáculos.
4 Así llegaré al altar de Dios, al Dios que es la alegría de mi gozo; y te alabaré al son de la cítara oh Dios, Dios mío. 5 ¿Por qué estás afligida, alma mía, y te conturbas dentro de mí? Espera en Dios, pues aun he de alabar al que es mi salvación, mi Dios. * 1. .Este Salmo, con que comienza la Misa, es continuación del anterior. El conjunto forma tres partes terminadas por un mismo refrán: 41, 1-6; 7-12; 42, 1-5. Sobre el probable autor, cf. nota 1 del Salmo 41, ¡Hazme justicia... y aboga en mi causa! ¿Quién, que no fuese Él admitiría que se le invocase como abogado y juez a un tiempo? * 3. Tu luz y tu verdad: San Agustín pone a estas palabras la siguiente glosa: “Invocando la verdad y la luz de Dios, sentimos que sus destellos han descendido hasta nosotros para remontarnos a Él. Dios es esencial verdad y esencial lumbre (I Juan 1, 5), y la inquietud y la sed del alma por la luz es inquietud y sed de Dios mismo.” De ahí que sea digno de respeto y agradable a Dios todo hombre que busca sinceramente la verdad. Jesús enseña que un tal hombre acabará sin duda por encontrarla (Juan 7, 17 y nota). “Tu santo monte”: El monte Sión, en el que está el Tabernáculo del Señor. Tiene también este Salmo un sentido eucarístico, mostrándonos cómo la luz y la verdad de Dios que hallamos en las Escrituras reveladas, son el camino digno hacia el Sacramento del Altar, pues la divina Palabra aumenta la fe (Romanos 10, Í7), por la cual vamos al amor (Gálatas 5, 6). A su vez en la Comunión pedimos que ella nos confirme en la luz de la verdad. Véase la Poscomunión del 13 de agosto y la Imitación de Cristo, IV, 11. * 4. La alegría de mi gozo (así también San Jerónimo), es decir, lo que hace que mi gozo sea realmente tal. Como se ve, la expresión es bellísima, y no se trata de que Dios alegre solamente nuestra juventud, como dice la Vulgata, pues Él alegra también nuestra vejez, que es cuando más lo necesitamos (cf. Salmo 70). El texto Vulgata quedaría igual al hebreo con decir jucunditatem, en lugar de juventutem. Bover-Cantera vierte: El Dios de mi alegrona y de mi regocijo. †
✦ Notas de Monseñor Straubinger
1 .Este Salmo, con que comienza la Misa, es continuación del anterior. El conjunto forma tres partes terminadas por un mismo refrán: 41, 1-6; 7-12; 42, 1-5. Sobre el probable autor, cf. nota 1 del Salmo 41, ¡Hazme justicia... y aboga en mi causa! ¿Quién, que no fuese Él admitiría que se le invocase como abogado y juez a un tiempo?
2 Tu luz y tu verdad: San Agustín pone a estas palabras la siguiente glosa: “Invocando la verdad y la luz de Dios, sentimos que sus destellos han descendido hasta nosotros para remontarnos a Él. Dios es esencial verdad y esencial lumbre (I Juan 1, 5), y la inquietud y la sed del alma por la luz es inquietud y sed de Dios mismo.” De ahí que sea digno de respeto y agradable a Dios todo hombre que busca sinceramente la verdad. Jesús enseña que un tal hombre acabará sin duda por encontrarla (Juan 7, 17 y nota). “Tu santo monte”: El monte Sión, en el que está el Tabernáculo del Señor. Tiene también este Salmo un sentido eucarístico, mostrándonos cómo la luz y la verdad de Dios que hallamos en las Escrituras reveladas, son el camino digno hacia el Sacramento del Altar, pues la divina Palabra aumenta la fe (Romanos 10, Í7), por la cual vamos al amor (Gálatas 5, 6). A su vez en la Comunión pedimos que ella nos confirme en la luz de la verdad. Véase la Poscomunión del 13 de agosto y la Imitación de Cristo, IV, 11.
3 La alegría de mi gozo (así también San Jerónimo), es decir, lo que hace que mi gozo sea realmente tal. Como se ve, la expresión es bellísima, y no se trata de que Dios alegre solamente nuestra juventud, como dice la Vulgata, pues Él alegra también nuestra vejez, que es cuando más lo necesitamos (cf. Salmo 70). El texto Vulgata quedaría igual al hebreo con decir jucunditatem, en lugar de juventutem. Bover-Cantera vierte: El Dios de mi alegrona y de mi regocijo.
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