V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: EL TRABAJO, SEÑOR, DE CADA DÍA
El trabajo, Señor, de cada día nos sea por tu amor santificado, convierte su dolor en alegría de amor, que para dar tú nos has dado.
Paciente y larga es nuestra tarea en la noche oscura del
amor que espera; dulce huésped del alma, al que flaquea dale tu luz, tu fuerza que aligera.
En el alto gozoso del camino, demos gracias a Dios, que nos concede la esperanza sin fin del don divino; todo lo puede en
él quien nada puede. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Sostenme, Señor, con tu promesa y viviré.
Salmo 118, 113-120
Detesto a los inconstantes y amo tu voluntad; tú eres mi refugio y mi escudo, yo espero en tu palabra; apartaos de mí los perversos, y cumpliré tus mandatos, Dios mío.
Sosténme con
tu promesa y viviré, que no quede frustrada mi esperanza; dame apoyo y estaré a salvo, me fijaré en tus leyes sin cesar; desprecias a los que se desvían de tus decretos, sus proyectos son
engaño.
Tienes por escoria a los malvados, por eso amo tus preceptos; mi carne se estremece con tu temor, y respeto tus mandamientos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Sostenme, Señor, con tu promesa y viviré.
Ant 2. Socórrenos, Dios salvador nuestro, y perdona nuestros pecados.
Salmo 78, 1-5. 8-11. 13 - LAMENTACIÓN ANTE LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN
Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo, han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo, y la carne de tus
fieles a las fieras de la tierra,
Derramaron su sangre como agua en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta
cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre enojado? ¿Va a arder como fuego tu cólera?
No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues
estamos agotados.
Socórrenos, Dios salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre.
¿Por qué han de decir los gentiles: «Dónde
está su Dios»? Que a nuestra vista conozcan los gentiles la venganza de la sangre de tus siervos derramada.
Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte.
Mientras,
nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, cantaremos tus alabanzas de generación en generación.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Socórrenos, Dios salvador nuestro, y perdona nuestros pecados.
Ant 3. Dios de los ejércitos, mira desde el cielo y ven a visitar tu viña.
Salmo 79 - VEN A VISITAR TU VIÑA
Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como a un rebaño; tú que te sientas sobre querubines, resplandece ante Efraím, Benjamín y Manasés; despierta tu poder y ven
a salvarnos.
¡Oh Dios!, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Señor Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo estarás airado mientras tu pueblo te suplica?
Le
diste a comer llanto, a beber lágrimas a tragos; nos entregaste a las disputas de nuestros vecinos, nuestros enemigos se burlan de nosotros.
Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos
salve.
Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste; le preparaste el terreno y echó raíces hasta llenar el país;
su sombra cubría las montañas, y sus
pámpanos, los cedros altísimos; extendió sus sarmientos hasta el mar, y sus brotes hasta el Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes, la pisoteen
los jabalíes y se la coman las alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que
tú hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego: con un bramido hazlos perecer. Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que
invoquemos tu nombre.
Señor Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dios de los ejércitos, mira desde el cielo y ven a visitar tu viña.
LECTURA BREVE Sb 19, 20b
En verdad, Señor, que en todo engrandeciste a tu pueblo y lo glorificaste, y no te desdeñaste de asistirlo en todo tiempo y en todo lugar.
V. Tú, oh Dios, haciendo maravillas. R. Mostraste tu poder a los pueblos.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor Dios, que a la hora de tercia enviaste al Espíritu Santo sobre los apóstoles reunidos en oración, concédenos también a nosotros participar de los dones de ese mismo Espíritu. Por Cristo
nuestro Señor. Amén.