✝ JESÚS POR MARÍA · PARA LA GLORIA DE DIOS
Génesis
Antiguo Testamento
✦ Capítulo 25
Últimos años y muerte de Abrahán
1 Abrahán tomó todavía otra mujer, que se llamaba Keturá
2 De ésta le nacieron Simrán, Jocsán, Madán, Madián, Jesboc y Sua
3 Jocsan engendró a Sabá y a Dedán. Los hijos de Dedán fueron los Asurim, los Letusim y los Leummim
4 Los hijos de Madián fueron Efá, Efer, Enoc, Abidá y Eldaá. Todos estos son hijos de Keturá
5 Todo cuanto tenía dio Abrahán a Isaac
6 A los hijos de sus concubinas les hizo donaciones; y, viviendo aún él mismo, los separó de Isaac, enviándolos hacia el Oriente, a las regiones orientales
7 Éstos fueron los días de los años de la vida de Abrahán: ciento setenta y cinco años
8 Expiró Abrahán y murió en buena vejez, anciano y satisfecho; y fue a reunirse con su pueblo
9 Isaac e Ismael, sus hijos lo enterraron en la cueva de Macpelá, en el campo de Efrón, hijo de Sohar, el heteo, frente a Mamré,
10 en el campo que Abrahán había comprado a los hijos de Het. Allí está sepultado Abrahán, con Sara, su mujer
11 Después de la muerte de Abrahán bendijo Dios a Isaac, su hijo, el cual habitaba junto al pozo del “Viviente que me ve”
Descendientes de Ismael
12 Éstos son los descendientes de Ismael, hijo de Abrahán, que le nació de Agar la egipcia, esclava de Sara
13 Y éstos son los nombres de los hijos de Ismael, según los nombres de sus linajes: El primogénito de Ismael fue Nebayot; después Kedar, Abdeel, Mibsam,
14 Mismá, Dumá, Masá
15 Hadad, Temá, Yetur, Nafís y Kedmá
16 Éstos son los hijos de Ismael, y éstos son sus nombres según sus poblados y sus campamentos; doce príncipes de otros tantos pueblos
17 Y éstos fueron los años de la vida de Ismael: ciento treinta y siete años; después expiró y murió, y fue a reunirse con su pueblo
18 Habitó desde Havilá hasta Sur, que está frente a Egipto, cuando uno va a Asiria, y se extendió al este de todos sus hermanos
IV. Desde Isaac hasta José
Nacimiento de Esaú y Jacob
19 Esta es la historia de Isaac, hijo de Abrahán: Abrahán engendró a Isaac
20 Isaac tenía cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Batuel, arameo, de Mesopotamia, hermana de Labán, arameo
21 Rogó Isaac a Yahvé por su mujer, porque ella era estéril; y Yahvé le escuchó, y concibió Rebeca, su mujer
22 Pero se chochaban los hijos en su seno, por lo cual dijo “Si es así, ¿qué será de mí?” Y se fue a consultar a Yahvé
23 Le respondió Yahvé: “Dos pueblos están en tu seno, dos naciones que se dividirán desde tus entrañas. Y una nación será más fuerte que la otra; pues el mayor servirá al menor.”
24 Y he aquí, cuando llegó el tiempo de dar a luz, había mellizos en su seno
25 Salió el primero, rubio todo él como un manto de pelo; y le llamaron Esaú
26 Después salió su hermano, que con su mano tenía agarrado el talón de Esaú; por lo cual le llamaron Jacob. Isaac contaba sesenta años cuando nacieron
Esaú vende la primogenitura
27 Crecieron los niños, y fue Esaú diestro en la caza, hombre del campo; Jacob, empero, hombre apacible, que quedaba en casa
28 Isaac amaba a Esaú, porque comía de su caza; Rebeca, por su parte, quería a Jacob
29 Ahora bien, Jacob habíase hecho un guiso; y cuando Esaú, muy fatigado, volvió del campo,
30 dijo a Jacob: “Por favor, déjame comer de este guiso rojo, que estoy desfallecido.” Por esto fue llamado Edom
31 Respondió Jacob: “Véndeme ahora mismo tu primogenitura.”
32 “Mira, dijo Esaú, yo me muero, ¿de qué me sirve la primogenitura?”
33 Replicó Jacob: “Júramelo ahora mismo.” Y él se lo juró, vendiendo a Jacob su primogenitura
34 Entonces Jacob dio a Esaú pan y el guiso de lentejas, y éste comió y bebió; después se levantó y se marchó. Así despreció Esaú la primogenitura. if !supportFootnotes endif
✦ Notas de Monseñor Straubinger
5 La principal herencia que Abrahán dejó a su hijo Isaac, no fueron los bienes materiales, sino la fe en Dios y la esperanza en Aquel que había de venir
8 Fue a reunirse con su pueblo: Algunos traducen “con sus padres”, expresión muy frecuente, que implica a la vez la fe en la inmortalidad (cf. v. 17; 49, 32; Núm. 27, 13; 31, 2 etc.). Quiere decir: Abrahán murió, y su alma fue a reunirse con las de sus antepasados en el Limbo de los Padres, donde habían de estar hasta que Cristo les abriera las puertas del cielo (I Pedro 3, 18 ss.). Más tarde los israelitas llamaron a este lugar “el seno de Abrahán” (Lucas 16, 22). Cf. Job 10, 21; 14, 12 y notas
10 Allí está sepultado Abrahán, quien, diríamos, más que otros grandes, merece ser incorporado al catálogo de los “inmortales” de la historia. Está sepultado, sí, para la historia profana, pero vive en la historia del Reino de Dios. Los que escriben la historia de los pueblos se inspiran generalmente en principios de vanidad propia y nacional, exaltan a los ambiciosos e intrigantes que consiguieron ventajas para su pueblo a costa de otros, y relegan al olvido a los que trabajaron por el Reino de Dios. Así por ejemplo, los historiadores antiguos no hablan de Abrahán; es Dios el que le dio fama inmortal haciéndole amigo suyo (Santiago 2, 23) y poniendo su estirpe como fundamento del Reino que había de extenderse sobre los dos Testamentos, puesto que Abrahán es padre de todos los creyentes (Romanos 4, 11), por consiguiente, también nuestro padre en la fe. Como tal forma parte, con Melquisedec, del Canon de la Misa; honra que vale más que todos los títulos que puede conferir el mundo. Comprendemos el orgullo del pueblo judío, que desgraciadamente se fundaba más en la descendencia carnal que en la fe del santo patriarca. “Tenemos por padre a Abrahán”, decían, como si la raza y la sangre le dieran una prerrogativa sobre los demás pueblos. El Bautista no vacila en lanzar contra este orgullo carnal una de sus más terminantes amenazas: “Yo os digo que Dios puede hacer que de estas piedras nazcan hijos de Abrahán” (Mateo 3, 9). Cuidémonos de no caer en el mismo error contentándonos con la fe del bautismo y descuidando el espíritu del Evangelio
11 “Bendijo Dios a Isaac”, “para mostrar que éste era el verdadero sucesor de Abrahán, no sólo el heredero de las bendiciones espirituales, sino también de los bienes materiales” (Fillion)
12 ss. Sobre “Ismael” véase 21, 18 y nota. “Nebayot” (v. 13), probablemente los nabateos que en la época grecorromana vivían al sureste del Mar Muerto, “Kedar”: nómadas del norte del desierto de Arabia, “Yetur” (v. 15), tal vez los itureos del norte de Palestina (cf. Lucas 3, 1)
18 Esto es, desde la parte Norte de la península del Sinaí hacia el Este
22 No dice dónde ni cómo la afligida madre consultó al Señor. Tal vez se dirigiera a un varón de Dios que, como Melquisedec, era intérprete de la voluntad divina
23 Dos pueblos: los idumeos, descendientes de Esaú, y los israelitas, hijos de Jacob. El hijo mayor, a saber, el pueblo idumeo, servirá al pueblo de Israel. San Pablo cita este pasaje para explicar el dogma del libre beneplácito de Dios, que llama a quien quiere, “para que el designio de Dios se cumpliese, conforme a Su elección, no en virtud de obras” (Romanos 9, 12). Dios escoge a quien quiere, como se ve en el ejemplo de Esaú y Jacob. Este, el menor, fue elegido, mientras aquél, el primogénito, fue reprobado. Véase Génesis 25, 23; 27, 1 ss.; Romanos 9, 11 s. Si bien el amor de Dios a sus creaturas es universal, es también libérrimo, y todo lo que dispensa a los hombres es un don gratuito de su Gracia. “Dios es quien obra en vosotros, por un efecto de su beneplácito, no sólo el querer, sino el ejecutar” (Filipenses 2, 13). Como bien explica Santo Tomás, el amor con que Dios nos ama es la fuente de todo bien (cf. Juan 17, 26; Romanos 5, 5), de modo que “nadie sería mejor que su prójimo, de no ser más amado de Dios”. Es en tal sentido, añade el Angélico, como puede decirse que Dios prefiere siempre a los mejores, pues es Él quien, al poner su mirada en ellos, les infunde lo que nadie puede tener por sí mismo. Es el caso de la Virgen María, según la cual “puso Dios los ojos en su bajeza” (Lucas 1, 48) y a quien el Ángel dice simplemente “Hallaste gracia” (Lucas 1, 30). “No pudiendo agradar -dice una definición de la Iglesia- fuimos amados para ser hechos agradables” (Denz. 198). Véase Cantar de los Cantares 4, 15 y nota
25 Esaú significa “velludo”; Jacob “el que ase el talón”, en sentido figurado: el que pone acechanzas (véase Oseas 12, 3)
27 “Con estos rasgos no sólo nos retrata a los dos hijos de Isaac, sino también, y acaso más, el carácter de los pueblos, como más tarde lo hace el padre en su bendición” (27, 27 ss.) (Nácar-Colunga)
30 La significación de Edom es “rojo”
31 Jacob creía, sin duda, tener derecho a la primogenitura, porque su madre había recibido de Dios la promesa de que el mayor serviría al menor (cf. versículo 23). Las prerrogativas de la primogenitura eran: doble parte en la herencia paterna, mayorazgo entre los hermanos, y, en tiempos de los patriarcas, ejercicio del sacerdocio entre sus hermanos, además del privilegio de transmitir las divinas promesas. San Pablo llama a Esaú: “profanador” (Hebreos 12, 16), porque descuidaba los bienes espirituales. Como Caín es el padre de los homicidas, así Esaú es el padre y caudillo de los que renuncian a los dones de Dios. ¡Cuántos venden hoy la primogenitura de los hijos muy amados de Dios por el plato de lentejas que ofrece el mundo!
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