Tobías
✦ Capítulo 7
7 dijo: “Bendito seas tú, hijo mío, porque eres hijo de un varón bueno, muy bueno.” Lloraron también Ana, su mujer, y Sara, hija de ambos. Tobías toma a Sara por esposa 9Después de hablar así, mandó Ragüel matar un carnero y preparar un convite. Y como les instase a que se sentasen a la mesa, 10dijo Tobías: “Yo no comeré ni beberé hoy aquí, si antes no me otorgas mi petición y prometes darme a Sara, tu hija.” 11Al oír estas palabras, se pasmó Ragüel, sabiendo lo que había sucedido a los siete maridos que se habían casado con ella; y comenzó a temer que también a éste sucediera lo mismo. Estando perplejo y sin dar respuesta al que preguntaba,
12 dijo el ángel a Ragüel: “No temas dársela; porque a éste que teme a Dios debe darse tu hija por mujer; por eso ningún otro ha podido poseerla” 13Dijo entonces Ragüel: “No dudo que Dios ha admitido mis oraciones y lágrimas en su presencia,
14 y creo que por esto os ha traído a mi casa, a fin de que ésta reciba esposo de su parentela, según la Ley de Moisés. No tengas, pues, duda de que te la daré.” Celebración del matrimonio
15 Y tomando la mano derecha de su hija, la puso en la derecha de Tobías, y dijo: “El Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob sea con vosotros; Él os junte y cumpla en vosotros su bendición.” 16Luego, tomando papel, hicieron la escritura matrimonial. 17Después celebraron el convite, bendiciendo a Dios. 18Luego llamó Ragüel a Ana, su mujer, y le mandó que preparase otro aposento. 19Ella introdujo allí a su hija Sara, que se puso a llorar.
20 Mas ella le dijo: “Ten buen ánimo, hija mía El Señor del cielo te llene de gozo, en lugar del disgusto que has sufrido.” * 7. Los hijos son benditos a causa de sus padres. ¡Qué estímulo para un matrimonio cristiano! Cf. 2, 18; 9, 9. * 12. A veces se considera como gran desgracia el no poder realizar una unión muy deseada. El tiempo no tarda en mostrar que no era aquélla la persona conveniente, y que por eso Dios la apartó con su poderosa misericordia. De ahí el dicho popular: boda y mortaja, del cielo bajan. * 14. Véase 6, 12 y nota. * 15. Este simple rito parece haber sido usado para los matrimonios israelitas, si bien la Biblia lo menciona sólo aquí. La misma ceremonia de juntar las manos de los novios y bendecirlos se observa en el Ritual Romano en la celebración del matrimonio cristiano. “Por este gesto exterior de adhesión y amistad, los jóvenes esposos se dan un mutuo testimonio de unión y cariño, y confirman con las manos lo que ambos acaban de prometerse con los labios. Es una manera de ofrecer el esposo a su consorte el apoyo de su fuerza, y ella a él el apoyo moral de su ternura” (P. Azcárate). * 20. Hermosa fórmula de caridad para consolar a un afligido. Cuanto más aumentan las aflicciones sufridas por Dios, más grandes y abundantes son los consuelos. Testigo de ello es San Pablo que exclama: “Estoy inundado de consuelo, reboso de gozo en medio de todas mis tribulaciones” (II Corintios 7, 4). †
✦ Notas de Monseñor Straubinger
1 Los hijos son benditos a causa de sus padres. ¡Qué estímulo para un matrimonio cristiano! Cf. 2, 18; 9, 9.
2 A veces se considera como gran desgracia el no poder realizar una unión muy deseada. El tiempo no tarda en mostrar que no era aquélla la persona conveniente, y que por eso Dios la apartó con su poderosa misericordia. De ahí el dicho popular: boda y mortaja, del cielo bajan.
3 Véase 6, 12 y nota.
4 Este simple rito parece haber sido usado para los matrimonios israelitas, si bien la Biblia lo menciona sólo aquí. La misma ceremonia de juntar las manos de los novios y bendecirlos se observa en el Ritual Romano en la celebración del matrimonio cristiano. “Por este gesto exterior de adhesión y amistad, los jóvenes esposos se dan un mutuo testimonio de unión y cariño, y confirman con las manos lo que ambos acaban de prometerse con los labios. Es una manera de ofrecer el esposo a su consorte el apoyo de su fuerza, y ella a él el apoyo moral de su ternura” (P. Azcárate).
5 Hermosa fórmula de caridad para consolar a un afligido. Cuanto más aumentan las aflicciones sufridas por Dios, más grandes y abundantes son los consuelos. Testigo de ello es San Pablo que exclama: “Estoy inundado de consuelo, reboso de gozo en medio de todas mis tribulaciones” (II Corintios 7, 4).