Eclesiástico
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✦ Capítulo 9
El trato con mujeres
1 No seas celoso de tu querida esposa; para que no se valga de las malas ideas que tú le sugieres
2 No dejes que la mujer tenga dominación sobre tu espíritu; para que no se levante contra tu autoridad, y quedes avergonzado
3 No pongas los ojos en una mujer que quiere a muchos, no sea que caigas en su lazo
4 No frecuentes el trato con la bailarina, ni la escuches, si no quieres perecer a la fuerza de su atractivo
5 No pongas tus ojos en la doncella, para que su belleza no sea ocasión de tu ruina
6 De ningún modo des entrada en tu alma a las meretrices, para que no te pierdas a ti y tu patrimonio
7 No andes derramando tu vista por las calles de la ciudad, ni vagueando de plaza en plaza
8 Aparta tus ojos de la mujer lujosamente ataviada, y no mires curioso una hermosura ajena
9 Por la hermosura de la mujer muchos se han perdido; pues por ella se enciende cual fuego la concupiscencia
10 Cualquiera mujer pública es pisoteada como estiércol en el camino
11 Muchos embelesados de la belleza de la mujer ajena se hicieron réprobos; porque su conversación quema como fuego
12 Con la mujer de otro no estés jamás de asiento; ni en la mesa te arrimes a ella recostado sobre el codo;
13 ni la desafíes en tomar vino; no sea que tu corazón se incline hacia ella, y a costa de tu vida caigas en la perdición
Diversas reglas de prudencia
14 No dejes al amigo antiguo; porque no será como él el nuevo
15 El amigo nuevo es un vino nuevo; se hará añejo, y le beberás con gusto
16 No envidies la gloria y las riquezas del pecador; pues no sabes cuál ha de ser su catástrofe
17 No te agraden las violencias que cometen los hombres injustos; tú sabes que jamás en toda su vida puede agradar el impío
18 Vive lejos de aquel que tiene potestad para hacerte morir, y no andarás asustado con el temor de la muerte
19 Si te acercas a él, guárdate de hacer ninguna cosa, no sea que te quite la vida
20 Sábete que conversas con la muerte; porque caminas en medio de lazos, y andas entre las armas de gente resentida
21 Procede con cuanta cautela puedas, con tu prójimo, y aconséjate con los sabios y prudentes
22 Sean tus convidados los varones justos, y tu gloria consista en temer a Dios
23 El pensamiento de Dios esté fijo en tu alma, y sea toda tu conversación de los preceptos del Altísimo
24 Las obras de los artífices son alabadas por su industria, el príncipe del pueblo por la sabiduría de sus discursos, y las palabras de los ancianos por su prudencia
25 Temible es en su ciudad el hombre deslenguado, y será aborrecido el temerario por sus palabras. if !supportFootnotes endif
✦ Notas de Monseñor Straubinger
1 Véase 26, 8. Admirable psicología de los celos, que a veces provocan lo que pretendían evitar. El marido enseñe la continencia con su ejemplo (Lactancio). Véase Números 5, 11 ss ↑
4 ss. Véase Proverbios capítulo 7 y notas. Hoy hay que huir hasta de los periódicos, que reservan hojas enteras para representar a mujeres de poca virtud ↑
8 Los vestidos de lujo y los vanos adornos no convienen más que a las prostitutas y a las mujeres impúdicas, dice San Cipriano (De Habitu Virgine). San Pedro, en su primera encíclica, exhorta a las mujeres a llevar una vida casta y llena de reverencia y les dice: “Vuestro adorno no sea de afuera; no consista en rizaros los cabellos, ornaros de joyas de oro o ataviaros de vestidos, sino que sea un adorno interior del corazón, que consiste en la incorrupción de un espíritu manso y suave, precioso a los ojos de Dios” (I Pedro 3, 3 s.) ↑
13 Bover-Cantera vierte: No sea que inclines hacia ella tu corazón y que, perdiendo la vida, resbales hacia la tumba. Nácar-Colunga: no se incline hacia ella tu corazón y seas arrastrado a la perdición ↑
17 En griego: no te complazcas con el placer de los impíos porque no permanecerán inmunes hasta la muerte. Véase Proverbios 11, 21 ↑
20 Conversas con la muerte; esto es, arriesgas la vida en el trato con los poderosos del mundo. Basta y sobra con los peligros de Satanás. Véase I Pedro 5, 8; II Corintios 2, 11; Ef. 6, 12. San Jerónimo comenta este pasaje en sentido ascético, y advierte a Santa Eustoquia: “Más vale ignorar alguna cosa con seguridad que aprenderla con peligro. Considerad que andáis en medio de muchos lazos tendidos para haceros caer, y muchas vírgenes probadas, de una castidad insospechada, perdieron la corona de sus manos casi en el umbral de la muerte… Si acaso hallareis a alguna doncella algo débil en la fe, acogedla, brindadle vuestro cariño, y su castidad sea vuestra recompensa. Si, por el contrario, alguna, simula deseos de virginidad para huir de la servidumbre (del matrimonio), a esa tal leed con franqueza lo del Apóstol: “Más vale casarse que abrasarse.” Pero como de una pestilencia huid de aquellas jóvenes y viudas que, ociosas y curiosas, andan por las casas de las matronas, y las cuales, perdido el pudor de sus frentes, superan hasta a los parásitos del teatro… No tienen otro cuidado que comer y beber y lo que es anexo a esto. Esta clase de mujeres suele dar consejos como éste: «Mi cachorrita, gozad de vuestros bienes, y vivid mientras viváis...» Pero luego de haber llevado una vida viciosa quieren casarse en Cristo, siendo condenadas por haber violado su fe primera.” ↑
23 Toda tu conversación: Meditemos esto. Desgraciadamente, ¡cuán pocos son los que se entretienen comentando las Palabras de Dios, que son lo más interesante, bello y dulce que existe! Véase Sabiduría 8, 16; Salmo 1, 2; 118, 97 y notas; Colosenses 3, 16; Ef. 5. 19, etc ↑