✝ JESÚS POR MARÍA · PARA LA GLORIA DE DIOS
Eclesiástico
Antiguo Testamento
✦ Capítulo 43
Las maravillas de la creación
1 El alto firmamento es la hermosura de Él; la belleza del cielo es una muestra de su gloria
2 El sol, al salir, le anuncia con su presencia, ese admirable instrumento, obra del Excelso
3 Al medio día quema la tierra; — ¿quién puede resistir de cara el ardor de sus rayos?— como quien mantiene la fragua encendida para las labores que piden fuego muy ardiente
4 El sol abrasa tres veces más los montes, vibrando rayos de fuego, con cuyo resplandor deslumbra los ojos
5 Grande es el Señor que lo creó, y de orden suya acelera su curso
6 También la luna con todas sus mutaciones indica los tiempos, y señala los años
7 La luna señala los días festivos; luminar, que luego que llega a su plenitud comienza a menguar;
8 del cual ha tomado nombre el mes; crece maravillosamente hasta estar llena
9 Un ejército hay en las alturas, el cual brilla gloriosamente en el firmamento del cielo
10 El resplandor de las estrellas es la hermosura del cielo; el Señor desde lo alto ilumina al mundo
11 A una palabra del Santo están prontas a sus órdenes, y jamás se cansan de hacer de centinela
12 Contempla el arco iris, y bendice al que lo hizo; es muy hermoso su resplandor;
13 ciñe al cielo con el cerco glorioso; las manos del Altísimo lo han formado
14 Con su mandato hace venir pronto la nieve, y despide con velocidad sus relámpagos justicieros
15 Por eso se abren sus depósitos, de donde vuelan las nubes a manera de aves
16 Con su gran poder condensa las nubes, y se desmenuzan las piedras de granizo
17 A una mirada suya se conmueven los montes, y a su querer sopla el ábrego
18 La tierra se conmueve por la voz de su trueno, el huracán del norte y el remolino de los vientos
19 Él esparce la nieve, la cual desciende como las aves que bajan para descansar, y como las langostas que se echan sobre la tierra
20 Los ojos admiran la belleza de su blancura, y las inundaciones llenan de espanto el corazón
21 Derrama como sal sobre la tierra la escarcha, la cual helándose se vuelve como puntas de abrojos
22 Al soplo del viento frío del norte se congela el agua en cristal; el cual cubre toda reunión de aguas, y pone encima de ellas una como coraza
23 Devora los montes, quema los desiertos y seca toda verdura como con fuego
24 El remedio de todo esto es una nube que aparezca luego, y un rocío que sobrevenga templado le hará amansar
25 A una palabra suya calma Él los vientos, y con solo su querer sosiega el mar profundo; en medio del cual plantó el Señor las islas
26 Que los que navegan el mar, cuenten sus peligros; y al escucharlos con nuestros propios oídos, quedaremos atónitos
27 Allí hay obras grandes y admirables, varios géneros de animales, bestias de todas especies y creaturas monstruosas
28 Por Él fue prescrito el fin a que caminan, y por su mandato se puso todo en orden
Gloria al Señor
29 Por mucho que digamos, nos quedará mucho que decir; mas la suma de cuanto se puede decir es que Él mismo está en todas las cosas
30 Para darle gloria, ¿qué es lo que valemos nosotros? Pues siendo Él todopoderoso, es superior a todas sus obras
31 Terrible es el Señor, y grande sobremanera, y su poder es admirable
32 Glorificad al Señor cuanto más pudiereis, que todavía quedará Él superior; siendo como es prodigiosa su magnificencia
33 Bendecid al Señor, ensalzadle cuanto podáis; porque superior es a toda alabanza
34 Para ensalzarle, recoged todas vuestras fuerzas; y no os canséis, que jamás llegaréis al cabo
35 ¿Quién le ha visto a fin de poderle describir? ¿Y quién le glorificará tanto como Él es desde el principio?
36 Muchas son sus obras que ignoramos, mayores que las ya dichas; pues es poco lo que de sus obras sabemos
37 Pero todo lo hizo el Señor; y a los que viven virtuosamente les da la sabiduría. if !supportFootnotes endif
✦ Notas de Monseñor Straubinger
1 Es éste uno de los pasajes, relativamente escasos, en que se presenta a Dios como soberano autor y fuente de la belleza (cf. Salmo 95, 6 y nota), ¡Qué invitación para contemplar las maravillas del crepúsculo y de la aurora, etc., que el Divino Padre prepara cada día para nosotros, y que tan poco solemos aprovechar y agradecer, prefiriendo casi siempre las pobres obras del arte humano!
2 Le anuncia: glorifica al Señor. Véase Salmo 18, 2 ss. y notas
6 ss. En hebreo la voz iarej (luna) significa también mes. La luna indicaba a los antiguos los meses y los años, y a los israelitas también las fechas religiosas (Números 28, 11; I Reyes 20, 5 y 24). Hoy todavía la fecha de la fiesta de Pascua se rige por la luna. Véase 24, 35; Salmo 80, 4; 103, 19 y notas, por donde se ve qué interés esto tiene para el calendario
9 Un ejército: las estrellas, que muchas veces son llamadas “milicia celestial”. Cf. Génesis 2, 1; Deuteronomio 17, 3; Isaías 34, 4; Jeremías 8, 2; Sofonías 1, 5, etc
11 El Santo: Dios. La descripción de las maravillas de la creación tiene su paralelo en los Salmos. Véase especialmente los Salmos 8, 18, 103, 106, 148. Véase allí las notas
12 San Buenaventura ve en el arco iris figurado a Cristo, y dice; “Así como el arco natural tiene su origen en una nube llena de rocío al ser atravesada por el rayo recto, quebrado y reflejo del sol, del mismo modo, y en realidad, Cristo, Sol de justicia, es causa y origen de todo conocimiento humano… porque Él, en cuanto Verbo encarnado, es origen de la fe, origen del conocimiento racional, iluminando el entendimiento, y origen de la contemplación, traspasando el afecto al Padre” (Sermón en la fiesta de la Anunciación de la Virgen)
17 Ábrego es el nombre del viento que sopla entre poniente y mediodía
21 s. Descripción poética de la naturaleza del agua, de la nieve y del hielo. Este se asemeja a una loriga de manera que el agua parece cubierta como con una coraza
23 s. Habla del verdor de los montes que se marchita, como se ve señaladamente en los ardientes veranos de Palestina y Egipto (véase versículo 4 donde parecería aludir a la extraordinaria fuerza del sol de montaña, que hoy se ha descubierto en los rayos ultravioletas). Contra ese ardor manda Dios las nubes y el rocío que lo atemperan (versículo 24), como aquella nube que acompañó a Israel en el desierto. Véase Salmo 104, 39 y nota
26 Véase Salmo 106, 23 ss
29 En griego es más breve y expresivo: Él es el todo. Así dice San Pablo que lo veremos al final, cuando hasta el Hijo “quedará sujeto al que le sujetó todas las cosas, a fin de que en todas las cosas Dios sea todo” (I Corintios 15, 28). Por las Sagradas Escrituras sabemos que Él está dando a todos la vida, el aliento y todas las cosas (Hechos 17, 25) y que “dentro de Él vivimos, nos movemos y existimos” (ibíd. 28). La suma de cuanto se puede decir: según el texto griego es más bien: el resumen de este discurso. Hoy, gracias al Nuevo Testamento sabemos del Padre mucho más que del Creador. Los misterios antes ocultos (Ef. 3, 9; Colosenses 1, 26) se nos revelaron en Cristo, enviado y don del Padre, qué nos mereció el hacernos hijos como Él (Juan 1, 12)
30 ss. “Cuanto puedas, tanto atrévete, pues Él es mayor que toda alabanza, y no eres capaz de alabarlo bastante” (Santo Tomás, en el himno eucarístico Lauda Sion). “El Señor es grande y digno de suma alabanza; su grandeza es insondable”, dice el Real Profeta en el Salmo 144 (versículo 3). “Por más que se diga, se vea y se sepa de Dios, esta vista, estas palabras y estas ciencias no son, en realidad, lo que una gota de agua en el océano” (San Cipriano. Quod idola non sunt dii)
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