Esdras
✦ Capítulo 3
Restauración del altar
3 Erigieron el altar sobre su (antigua) base, pues tenían miedo a los pueblos vecinos, y ofrecieron sobre él holocaustos a Yahvé, el holocausto de la mañana y el de la tarde. 4Celebraron la fiesta de los Tabernáculos, conforme a lo prescrito, ofreciendo cada día los holocaustos según el número y reglamento correspondiente a cada día. 5Después de esto ofrecieron el holocausto perpetuo, los holocaustos de los novilunios y de todas las fiestas consagradas a Yahvé, y los de todos aquellos que hacían ofrendas voluntarias a Yahvé. 6Comenzaron a ofrecer holocaustos a Yahvé desde el día primero del mes séptimo, cuando no habían sido todavía puestos los fundamentos del Templo del Señor. La reconstrucción del Templo
7 Dieron dinero a los canteros y a los carpinteros, y también comida, bebida y aceite a los sidonios y tirios, para que trajesen maderas de cedro desde el Líbano por mar a Joppe, según lo dispuesto por Ciro, rey de Persia. 8En el año segundo de su llegada a la Casa de Yahvé, a Jerusalén, en el mes segundo, Zorobabel, hijo de Salatiel, Jesúa, hijo de Josadac, y el resto de sus hermanos, los sacerdotes y levitas, y todos los que habían venido de la cautividad a Jerusalén, pusieron mano a la obra, y entregaron a los levitas, de veinte años arriba, la dirección de los trabajos de la Casa de Yahvé.
9 Entonces Jesúa con sus hijos y hermanos, Cadmiel con sus hijos, los hijos de Judá y los hijos de Henadad, con sus hijos y sus hermanos levitas, asumieron unánimemente el cargo de dirigir a los que trabajaban en la Casa de Dios.
10 Cuando los obreros echaron los fundamentos del Templo de Yahvé, asistieron los sacerdotes, revestidos de sus ornamentos, y con las trompetas, y los levitas, hijos de Asaf, con címbalos, para alabar a Yahvé, según las disposiciones de David, rey de Israel. 11Cantaron, alabando y confesando a Yahvé: “Porque Él es bueno; porque es eterna su misericordia para con Israel.” Y todo el pueblo prorrumpió en grandes voces de alabanza a Yahvé, porque se echaban los cimientos de la Casa de Yahvé.
12 Muchos de los sacerdotes y levitas y de los jefes de las casas paternas, ancianos ya, que habían visto la Casa primera, lloraban en voz alta al echarse los cimientos de esta Casa ante sus ojos; muchos en cambio, alzaban la voz dando gritos de alegría,
13 de modo que el pueblo no podía distinguir entre los gritos de alegría y los llantos de la gente; porque el pueblo gritaba a grandes voces, y el sonido se oía desde lejos. * 3. Los pueblos vecinos: los habitantes de Samaría (cf. 4, 1 ss.). Para asegurarse la ayuda de Dios, los repatriados ofrecen los sacrificios ya antes de acabar el Templo. * 7. Cf. III Reyes 5, 9 s.; I Paralipómenos 22, 4; II Paralipómenos 2, 8 s. * 9. Los hijos de Judá: En vez de Judá probablemente ha de leerse Hodavías (cf. 2, 40 y Nehemías 7, 43), de quien descendían Jesúa y Cadmiel. * 10. Según las disposiciones de David: Sobre la influencia de este gran rey en el culto divino, véase II Reyes 6, 17; I Paralipómenos 6, 31; 16, 4-7; 25, 1-31. * 12. Los ancianos que habían visto la majestad del Templo de Salomón prorrumpieron en llantos porque veían que el nuevo Templo no alcanzaría la magnitud y suntuosidad del antiguo. El profeta Ageo los consolaba con la profecía de que en este Templo habría de aparecer el Mesías (Ageo 2, 8-10). La fecha en que se echaron los cimientos del nuevo Templo, es el año 535 a. C. * 13. Contraste encantador de tristeza y alegría, cuya ruidosa manifestación no debe sorprendernos en los orientales. El autor sagrado la menciona aquí como un elogio de la sencillez de aquel pueblo a quien Él amaba y corregía como a un niño. Cf. Ageo 2, 3; Zacarías 4, 10. †
✦ Notas de Monseñor Straubinger
1 Los pueblos vecinos: los habitantes de Samaría (cf. 4, 1 ss.). Para asegurarse la ayuda de Dios, los repatriados ofrecen los sacrificios ya antes de acabar el Templo.
2 Cf. III Reyes 5, 9 s.; I Paralipómenos 22, 4; II Paralipómenos 2, 8 s.
3 Los hijos de Judá: En vez de Judá probablemente ha de leerse Hodavías (cf. 2, 40 y Nehemías 7, 43), de quien descendían Jesúa y Cadmiel.
4 Según las disposiciones de David: Sobre la influencia de este gran rey en el culto divino, véase II Reyes 6, 17; I Paralipómenos 6, 31; 16, 4-7; 25, 1-31.
5 Los ancianos que habían visto la majestad del Templo de Salomón prorrumpieron en llantos porque veían que el nuevo Templo no alcanzaría la magnitud y suntuosidad del antiguo. El profeta Ageo los consolaba con la profecía de que en este Templo habría de aparecer el Mesías (Ageo 2, 8-10). La fecha en que se echaron los cimientos del nuevo Templo, es el año 535 a. C.
6 Contraste encantador de tristeza y alegría, cuya ruidosa manifestación no debe sorprendernos en los orientales. El autor sagrado la menciona aquí como un elogio de la sencillez de aquel pueblo a quien Él amaba y corregía como a un niño. Cf. Ageo 2, 3; Zacarías 4, 10.