La Santa Misa no es una ceremonia, no es un recuerdo, no es una reunión. Es el mismo sacrificio de Cristo en la Cruz, hecho presente en el altar de manera incruenta. Es cielo en la tierra. Es el momento más importante de la semana · de tu vida entera.
Pero muchos vamos a Misa sin entender qué pasa. Nos perdemos lo principal. Esta página es para que vivas cada momento con conciencia, con devoción, con amor. El que entiende la Misa, no quiere faltar a ninguna.
La Misa no empieza cuando entra el sacerdote · empieza en tu casa. Llegá:
La Misa tiene dos grandes partes: la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística. Más los ritos iniciales y finales. Vamos paso por paso.
El sacerdote entra desde la sacristía · representa a Cristo que viene al encuentro de su pueblo. Si hay canto, lo cantás. Te ponés de pie. El sacerdote besa el altar (que representa a Cristo).
Te persignás con el sacerdote · invocás a la Trinidad. La Misa comienza con la marca de tu fe.
Después el sacerdote te saluda · "El Señor esté con ustedes".
Antes de acercarnos al altar, pedimos perdón por nuestros pecados. Es importante: no podemos celebrar con el alma sucia. Recordá rápidamente en qué has fallado y arrepentite.
Reza el "Yo confieso" mientras te das golpes de pecho en el momento "por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa". Hacelo con intención · no por costumbre.
Después: Señor, ten piedad · Cristo, ten piedad · Señor, ten piedad.
Himno de alabanza a la Santísima Trinidad · empezó cantándolo el coro de ángeles en el nacimiento de Jesús (Lc 2, 14). Lo cantamos en domingos, solemnidades y fiestas (no en Adviento ni Cuaresma).
Cantalo si hay música, recitalo si no. Es alegría desbordante.
El sacerdote dice "Oremos" · hace un breve silencio para que cada uno traiga sus intenciones personales · y después recoge ("colecta") todas las oraciones del pueblo en una sola, dirigida al Padre por Jesucristo.
Cristo te habla por la Sagrada Escritura. Te sentás · escuchás con atención · te dejás cuestionar.
Antes del Evangelio te ponés de pie · cantás el Aleluya. El sacerdote o diácono dice "Lectura del santo Evangelio según..."
Al terminar:
El sacerdote explica las lecturas y las aplica a la vida. Escuchá con atención. Aunque el sacerdote no sea elocuente, Cristo te puede hablar por él. Hasta una mala homilía puede salvar un alma si vos escuchás bien.
De pie · profesás la fe de la Iglesia. Esto es lo que creemos los católicos. Recitalo con conciencia · no de memoria automática.
Cuando decís "y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen, y se hizo hombre", inclinás la cabeza · ahí adoras el misterio de la Encarnación.
Rezás por la Iglesia, por los gobernantes, por los necesitados, por los enfermos, por los difuntos · y por las intenciones particulares de la comunidad.
Acá empieza lo más sagrado. Cristo va a hacerse presente en el altar. Concentrate · es el momento más importante.
Se acercan al altar el pan y el vino. Vos ofrecé también tu vida · tus alegrías, tus dolores, tus trabajos de la semana, tus intenciones. Poné todo en la patena junto con el pan.
Si hay colecta · participá con generosidad. No es "pagar la entrada" · es ofrecer.
El sacerdote inicia el gran himno de acción de gracias.
Después se canta el Santo, Santo, Santo · es el canto de los ángeles eternamente ante Dios (Is 6, 3). Nos unimos a su liturgia celestial.
El sacerdote extiende las manos sobre el pan y el vino pidiendo al Padre que envíe el Espíritu Santo para que esas ofrendas se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Acá empieza el silencio sagrado. Te arrodillás (si no hay reclinatorio, te ponés de rodillas).
EL MOMENTO MÁS IMPORTANTE. El sacerdote, prestando voz a Cristo, pronuncia las palabras de la Última Cena. Y el pan se convierte en el Cuerpo de Cristo · el vino en su Sangre. No es símbolo · es realidad. Es transustanciación.
El sacerdote eleva la Hostia consagrada. Mirala con fe. Inclinate. Decí en silencio:
(Es lo que dijo Tomás al ver al Resucitado · Jn 20, 28).
Después eleva el Cáliz con la Sangre. Igualmente, decí: "Señor mío y Dios mío".
Si supieras lo que está pasando, no te moverías ni respirarías. El Cielo desciende. Los ángeles se postran. El propio Cristo está sobre el altar.
El sacerdote dice: "Éste es el Misterio de la fe".
Después el sacerdote reza por la Iglesia, por el Papa, por el Obispo, por los vivos y por los difuntos. Pone toda la creación sobre el altar.
Termina con la doxología: "Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos".
Antes de comulgar, rezamos la oración que Jesús mismo nos enseñó. Hijos del Padre, nos preparamos para recibir al Hijo.
Antes de comulgar nos damos la paz · es el cumplimiento de Mt 5, 23-24: "si te acordás de que tu hermano tiene algo contra ti, andá primero a reconciliarte".
Es saludo de paz cristiana · no es momento social de saludar a todos. Hacelo con dignidad, mirando a los ojos.
Reconocés a Cristo bajo la forma de Pan · El Cordero inmolado de Apocalipsis. Pedís misericordia, te preparás para recibirlo.
El sacerdote eleva la Hostia: "Éste es el Cordero de Dios..."
(Son las palabras del Centurión · Mt 8, 8).
El cielo entra en tu boca. Recibís a Dios mismo · no un símbolo, no un recuerdo. Es Jesucristo real.
Cómo recibir bien:
Después de comulgar, durante 10-15 minutos, Cristo permanece físicamente dentro tuyo. Es el momento más íntimo de tu semana. ¡No te apures a salir!
Qué hacer estos minutos:
Santos enteros pasaron horas en acción de gracias. Cura de Ars decía: "Si supiéramos lo que es comulgar, moriríamos de amor".
El sacerdote te bendice en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Te persignás · recibís la fuerza de Dios.
El sacerdote no dice "hasta el domingo" · dice "vayan en paz a glorificar al Señor con su vida". La Misa NO termina · empieza ahora afuera. Llevás a Cristo al mundo.
No te vayas corriendo. Hacé silencio unos minutos más. Saludá al Santísimo con una genuflexión al salir. Si pasaste por el confesionario, recordá tu penitencia. Llevate a Cristo al trabajo, a tu casa, a tu semana.
Si no podés ir a Misa, o si vas pero no podés comulgar (porque hay pecado sin confesar o por otra causa), podés hacer Comunión espiritual: