A JESÚS POR MARÍA · SANTA IGLESIA CATÓLICA
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Liturgia del Día
Miércoles, 17 de junio de 2026 Color Verde Miércoles de la XI semana del tiempo ordinario
📖 Primera Lectura 2 Reyes 2:1, 6-14
1 Cuando el Señor iba a arrebatar a Elías a los cielos en un torbellino, Elías y Eliseo habían partido de Guilgal. 6 Le dijo otra vez Elías: —Quédate aquí, porque el Señor me envía al Jordán. Contestó Eliseo: —Por vida del Señor y por tu misma vida, que no te he de abandonar. Marcharon los dos. 7 Cincuenta discípulos de los profetas marcharon también y se quedaron lejos, frente a ellos. Ellos dos se detuvieron junto al Jordán. 8 Elías se quitó el manto, lo dobló y golpeó las aguas, que se separaron a un lado y a otro; y los dos pasaron por tierra seca. 9 Cuando hubieron pasado dijo Elías a Eliseo: —Pide qué he de hacer por ti antes de que sea arrebatado de tu lado. Contestó Eliseo: —Por favor, que yo reciba doble de tu espíritu. 10 Él contestó: —Has pedido algo muy difícil. Si me ves cuando sea arrebatado de tu lado, se te concederá; y si no, no sucederá. 11 Ellos iban andando y hablando y de pronto un carro de fuego con caballos de fuego se interpuso entre ambos, y Elías fue arrebatado a los cielos en un torbellino. 12 Eliseo lo veía y gritaba: —¡Padre mío, padre mío, carro y auriga de Israel! Y ya no lo vio más. Entonces agarró sus propias vestiduras y las rasgó en dos pedazos. 13 Luego recogió el manto de Elías que se le había caído a éste de encima. Volvió y se detuvo a la orilla del Jordán. 14 Tomó el manto de Elías que se le había caído de encima y golpeó las aguas diciendo: —¿Dónde está el Señor, Dios de Elías? Entonces golpeó las aguas, que se retiraron a un lado y a otro, y Eliseo pasó.
🎵 Salmo Responsorial Salmo 31:20-21, 24
20 Qué grande es tu bondad, la que has reservado para los que te temen, preparado para los que se refugian en Ti, a la vista de los hijos de los hombres. 21 En lo secreto de tu presencia los ocultas de las intrigas humanas; en tu tienda los escondes de las lenguas pendencieras. 24 Amad al Señor todos sus fieles, que el Señor protege a los leales, pero castiga con dureza al que obra con orgullo.
† Evangelio Mateo 6:1-6, 16-18
1 »Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres con el fin de que os vean; de otro modo no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. 2 »Por lo tanto, cuando des limosna no lo vayas pregonando, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, con el fin de que los alaben los hombres. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. 3 Tú, por el contrario, cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha, 4 para que tu limosna quede en lo oculto; de este modo, tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará. 5 »Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que son amigos de orar puestos de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para exhibirse delante de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. 6 Tú, por el contrario, cuando te pongas a orar, entra en tu aposento y, con la puerta cerrada, ora a tu Padre, que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará. 16 »Cuando ayunéis no os finjáis tristes como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. 17 Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, 18 para que no adviertan los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará.
🙏 Reflexión del Día
Si en tu caminar no te golpeas de frente con el diablo, es porque estás caminando en la misma dirección que él. ✨ San Juan María Vianney
🕊 Celebración del Día
San Alberto Chmielowski
San Alberto Chmielowski
Religioso · Fundador de los Albertinos y Albertinas · "El San Francisco polaco"
Alberto, en su juventud, luchó por la libertad de su patria; luego se dedicó al estudio y al ejercicio de su vocación artística en el campo de la pintura; pero pronto centró su vida en el seguimiento de Cristo que atiende a los más pobres y necesitados; los "Albertinos" y "Albertinas", por él fundados en el seno de la Orden Tercera de San Francisco, han seguido y ampliado su obra y su estilo humilde y fraterno. Alberto Chmielowski, en el siglo Adán, nació en Igolomia, cerca de Cracovia (Polonia), el 20 de agosto de 1845, de padres nobles: Adalberto y Josefina Borzyslawska. Creció en un clima de ideales patrióticos, de una profunda fe en Dios y de amor cristiano hacia los pobres. Quedó huérfano muy pronto y sus familiares se hicieron cargo de él y de los demás hermanos, ocupándose de su formación. A los 18 años se matriculó en el Instituto Politécnico de Pulawy. Tomó parte en la insurrección de Polonia en 1863. Cayó prisionero y se le amputó una pierna a causa de una herida. Al fracasar la insurrección, se trasladó al extranjero, huyendo de la represalia zarista. En Gante (Bélgica) inició estudios de ingeniería. Dotado de buenas cualidades artísticas, decidió estudiar pintura en París y en Munich. En 1874, maduro ya como artista, regresó a Polonia, decidido a dedicar «el arte, el talento y sus aspiraciones a la gloria de Dios». Comenzaron así a predominar en sus actividades artísticas los temas religiosos. Uno de los mejores cuadros, el «Ecce Homo», fue el resultado de una experiencia profunda del amor misericordioso de Cristo hacia el hombre, experiencia que llevó a Chmielowski a su transformación espiritual. En 1880 entró en la Compañía de Jesús como hermano lego. Después de seis meses tuvo que dejar el noviciado por su mala salud. Superada una profunda crisis espiritual, comenzó una nueva vida, dedicada totalmente a Dios y a los hermanos. Acercándose a la miseria material y moral de quienes carecen de techo y a los desheredados en los dormitorios públicos de Cracovia, descubrió en la dignidad menospreciada de aquellos pobrecillos el rostro humillado de Cristo, y decidió por amor del Señor renunciar al arte y vivir al lado de los marginados una vida pobre, dedicándoles toda su persona. El 25 de agosto de 1887 vistió el sayal gris y tomó el nombre de hermano Alberto. Pasado un año, pronunció los votos religiosos, iniciando la congregación de los Hermanos de la Orden Tercera de San Francisco, denominados Siervos de los Pobres o Albertinos. En 1891 fundó la rama femenina de la misma congregación (Albertinas) con la finalidad de socorrer a las mujeres necesitadas y a los niños. El hermano Alberto organizó asilos para pobres, casas para mutilados e incurables, envió a las hermanas a trabajar en hospitales militares y lazaretos, fundó comedores públicos para pobres, y asilos y orfanotrofios para niños y jóvenes sin techo. En los asilos para los pobres, los hambrientos recibían pan; los sin techo, alojamiento; los desnudos, vestidos; y los desocupados eran orientados a un trabajo. Todos contaban con su ayuda, sin distinción de religión o nacionalidad. En la medida en que satisfacía las necesidades elementales de los pobres, el hermano Alberto se ocupaba también paternalmente de sus almas, tratando de reavivar en ellos la dignidad humana, ayudándoles a reconciliarse con Dios. Tomaba fuerza del misterio de la Eucaristía y de la Cruz para su acción caritativa. A pesar de su invalidez, viajaba mucho para fundar nuevos asilos en otras ciudades de Polonia y para visitar las casas religiosas. Gracias a su espíritu emprendedor, cuando murió dejó fundadas 21 casas religiosas en las cuales prestaban su trabajo 40 hermanos y 120 religiosos. Murió, de cáncer de estómago, el día de Navidad de 1916 en Cracovia, en el asilo por él fundado, pobre entre los pobres. Antes de su muerte dijo a los hermanos y hermanas, señalando a la Virgen de Czestochowa: «Esta Virgen es vuestra fundadora, recordadlo». Y: «Ante todo, observad la pobreza». Su entera dedicación a Dios mediante el servicio a los más necesitados, su pobreza evangélica a imitación de San Francisco de Asís, su filial confianza en la divina Providencia, su espíritu de oración y su unión con Dios en el trabajo de cada día son la herencia que ha dejado el hermano Alberto a sus hijos e hijas espirituales. Enseñó a todos con el ejemplo de su vida que «es necesario ser buenos como el pan, que está en la mesa, y que cada cual puede tomar para satisfacer el hambre». La herencia espiritual del hermano Alberto pervive en sus congregaciones, que extienden su acción misionera por tierras de Polonia, Italia, Estados Unidos y Argentina. Convencidos de la santidad del hermano Alberto, sus contemporáneos lo definieron como «el hombre más grande de su generación». Considerado el San Francisco polaco del siglo XX, el hermano Alberto fue beatificado en Cracovia el 22 de junio de 1983 por el Papa Juan Pablo II, quien también lo canonizó el 12 de noviembre de 1989 en Roma. Homilía de San Juan Pablo II en la misa de canonización de San Alberto Chmielowski (12-XI-1989) «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón». «Aprended de mí... porque mi yugo es suave y mi carga ligera". «Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí» (Mt 11,29). Meditando en estas palabras la Iglesia contempla hoy a dos personas que, con toda su vida, acogieron esta invitación del Maestro divino: la beata Inés de Bohemia y el beato hermano Alberto Chmielowski de Cracovia. Muchos siglos los separan a ambos: del siglo XIII al siglo XX. Pero los une una particular afinidad espiritual: la herencia de san Francisco de Asís y de santa Clara, así como la cercanía de las naciones de donde provienen: Bohemia y Polonia. Hoy los une la común canonización... La beata Inés de Bohemia, a pesar de haber vivido en un período tan lejano del nuestro, sigue siendo también hoy un resplandeciente ejemplo de fe cristiana y de caridad heroica, que invita a la reflexión y a la imitación. Y está también el hermano Alberto: es un personaje que ha dejado una huella profunda en la historia de Cracovia y del pueblo polaco, así como en la historia de la salvación. Es necesario «dar el alma»: éste parece haber sido el hilo conductor de la vida de Adán Chmielowski desde los años de su juventud. A sus 17 años, siendo estudiante de la escuela de agricultura, participó en la lucha insurreccional por librar a su patria del yugo extranjero, y en esa lucha sufrió la mutilación de una pierna. Buscó el significado de su vocación a través de la actividad artística, dejando obras que aún hoy impresionan por una particular capacidad expresiva. Mientras se dedicaba cada vez más intensamente a la pintura, Cristo le hizo escuchar la llamada para otra vocación y lo invitó a seguir buscando cada vez más: «Aprende de mí, que soy manso y humilde de corazón... Aprende». Adán Chmielowski fue discípulo dispuesto a acoger cualquier llamada de su Maestro y Señor. De esta llamada decisiva, que marcó su camino hacia la santidad en Cristo, habla el texto de la primera lectura de la liturgia de la canonización que estamos celebrando hoy, tomado del profeta Isaías: «... desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, y arrancar todo yugo» (Is 58,6). Ésta es la teología de la liberación mesiánica, que contiene la que hoy estamos acostumbrados a definir «opción por los pobres»: «partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa. Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes» (Is 58,7). Precisamente esto hizo el hermano Alberto. En este incansable y heroico servicio en favor de los abandonados y de los desheredados encontró finalmente su camino. Encontró a Cristo. Tomó sobre sí su yugo y su carga; y no fue solamente «alguien que hacía caridad», sino que se hizo hermano de aquellos a quienes servía. Su hermano. El «hermano gris», como solían llamarle. Otros han seguido su ejemplo: los «hermanos grises» y las «hermanas grises». (Cf. L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 12 y del 19 de noviembre de 1989) Citas de San Alberto Chmielowski « Para salvar a los miserables, no hace falta abrumarlos con protestas, ni decirles acerca de moral estando bien comidos y vestidos: hace falta sobajarse y descender más que ellos, hacerse más miserable ». «Hay cosas que la sociedad no tiene el derecho de negarle a sus miembros, declara: el derecho al trabajo que les asegure una alojamiento y el pan diario. Si la sociedad falta a este deber de justicia, debe de suplirla con la caridad » Oración a San Alberto Chmielowski Hermano Alberto, Padre y amigo de los pobres, tú, que pusiste tu talento de artista al servicio del Evangelio, ayúdanos a descubrir los dones que Dios nos dio y a usarlos para testimoniar su amor. Tú, que descubriste que la obra de arte más bella a los ojos de Dios es el corazón de los pobres, danos ojos capaces de ver tu presencia en los hermanos más necesitados. Tú, que renunciaste a las riquezas para hacerte hermano pobre entre los pobres, descubriendo que la verdadera riqueza es amar, libera nuestra vida de apegos equivocados. Tú, que mientras distribuías el pan a los hambrientos, decías “hay que ser bueno como el pan”, haznos pan bueno para los hermanos que encontremos. Tú, que predicaste la misericordia de Dios y te abandonaste confiado a la Divina Providencia, ¡aumenta nuestra fe! ¡San Alberto Chmielowski, ruega por nosotros!
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